Filantropías
Sábado, 14 de Noviembre de 2009“Mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía(…)”
A.Machado
A veces, amo al hombre…
Lo miro en su infinita fragilidad, inmensa…
En su hambre, en su memoria,
en la luz que ha perdido.
Lo miro, y me conforta
saber que estamos, todos,
(el que más o el que menos)
luchando a dentelladas contra el mismo destino.
A veces, miro al hombre,
y me produce pena
y una inmensa ternura,
verlo tan aturdido.
Y quisiera abrazar a cada ser humano,
decirle: no estás solo.
Pero mi voz se ahoga.
¿Qué decirle a los otros en medio de las prisas?
Cada minuto es algo imprescindible.
No podemos gastarlo, malgastarlo, perderlo.
Esclavos de un horario
hemos perdido el ritmo de la vida,
el que imponen las hojas cayendo del ramaje,
el de la lluvia fina
mojando lentamente cada palmo de tierra,
el del sol que declina,
el del amanecer insobornable.
Porque, pese a Neruda,
hemos perdido todos los crepúsculos,
buscando una alborada inexistente.


